Era 1890 cuando Mariano Palarea, ilustre personaje local, le compró a la Casa de Alba, de la que era administrador de sus bienes en Murcia, el Señorío de La Alberca. Para, a continuación, iniciar la promoción de lo que probablemente sea la primera urbanización residencial de Murcia. Y allí, en las parcelas habilitadas, se irán construyendo unas casas austeras, elegantes y bien integradas en una frondosa pinada.
Una de esas casas originarias llegará a la actualidad saturada de reformas caóticas y en completo estado de ruina, lo que no impedirá que una familia se entusiasme con la idea de vivir en ese microcosmos tan particular que constituye este área residencial. Se pedía, y se podría, haber derribado todo lo existente, partir de cero, pero se defendió la idea de ofrecer un testimonio de los orígenes ya apuntados, que se aceptó siempre que se complementara con lo necesario para poder cubrir la totalidad de las necesidades familiares.
En consecuencia el proyecto combinará una estrategia de
recuperación de la construcción originaria, con otra de nueva construcción que
acompaña y complementa. Elementos viejos y nuevos que si bien debían
distinguirse, tampoco necesitaban enfrentarse. La obra será un tránsito suave
de tiempos, que incluso afectará a los propios planos horizontales sobre los
que se despliega. Una secuencia básica del tránsito sería la siguiente:
1. Una primera construcción, evocando casetas de playa,
permite atender las visitas. Se recubrirá exteriormente de espejo con
propósitos de camuflaje.
2. Un tránsito escalonado y acristalado te eleva unos
peldaños para acceder a la construcción original, cuidadosamente rehabilitada,
que se destinará al programa común de la familia: estar, chimenea, cocina,
comedor.
3. Una rampa de más longitud permitirá salvar un nuevo
desnivel que te lleva al pabellón de estancias. Es una familia compuesta por
padres cuyos hijos ya tienen sus propias familias, por lo que esta pieza
persigue, funcionalmente, cierta condición hotelera, y, visualmente, la mayor
neutralidad para que el protagonismo del conjunto lo asuma lo rehabilitado.
4. Bajamos, ahora un gran porche diáfano protegerá los
vehículos en el día a día, pero, sobre todo, permitirá el desarrollo puntual de
acontecimientos sociales familiares, muy facilitados por una segunda cocina
oculta tras un largo armario.
5. Y si ahora bajamos un poco más: un local, de nuevo
diáfano, acogerá una sala donde los padres encontrarán refugio para lo más
personal.
6. Envolviendo todo: un jardín, que conserva todos los pinos que hemos sido capaces de esquivar y que quiere ofrecer una flora propia de la ladera que ocupamos.
Dos observaciones finales:
a) El reportaje fotográfico se realiza tras la ocupación
familiar de la vivienda, renunciado a la más mínima manipulación de objetos y
ambiente interior. Un manifiesto rechazo al shooting.