RESTAURACIÓN CASTILLO DE MONTEAGUDO FASE A. MEMORIA
En 2019 se entregó el Proyecto de Restauración del
Castillo en su 1ª fase. La cooperación entre administraciones y las
aproximaciones al monumento y su entorno, de forma razonada y documentada, han
servido para plantear una metodología de intervención fiel a los orígenes
constructivos de la fortaleza, sin descartar inclusión de heridas soportadas en
su existencia; todo en aras de apuntar a una valoración de la construcción
defensiva unida al carácter de configurador de paisaje para la Huerta de
Murcia.
En el documento proyectual se exponían los
criterios de dicha metodología, los instrumentos tecnológicos empleados, junto
con evidencias documentales o normativas que nos permite distinguir la
propuesta de algunos aspectos del marco conceptual del Plan Director, aportando
bases de encuentro o discusión para el ámbito de intervención en monumentos.
Tras el Covid-19, las obras se iniciaron en 2022, y
se desarrollaron hasta febrero de 2023. El Castillo de Monteagudo se encuentra
ubicado en un promontorio rocoso elevado unos 107 metros sobre el tapiz verde
del valle del Segura, a una legua de la ciudad.
La elevación fue ocupada por culturas argáricas,
ibéricas y romanas, hasta la caracterización defensiva que Ibn Mardanîx, creó
entre 1147 y 1171. En 1268, se adjudicó a la reina doña Violante. Con Sancho
IV, pasó a doña María de Molina, y Fernando IV lo cedió al Obispo en 1321. Volvería
al poder real, con protagonismo de Juan I de Navarra al ocupar la capital, y retirarse
cuando el Condestable Luna y el Adelantado Fajardo tomaron la fortaleza de
Monteagudo.
El castillo está construido con un mismo sistema de
tapial que diferencia con el material las partes con necesidades de mayor
resistencia. A causa de los factores de alteración climáticos y químicos, la
descomposición estructural del mortero ha facilitado la pérdida de la capa
calicastrada a nivel superficial, dejando a la vista grandes mampuestos de los
rellenos e incluso el desprendimiento de éstos provocando grande lagunas objeto
de reintegración.
Un tercio del coste de la Fase A se ha empleado en hacer
factible trabajar desde sus inusuales dimensiones: grúas con plumín y alcance
superior al cien metros; andamios tubulares en ladera con diecisiete pisos;
perforadoras de roca con profundidades de cuatro metros de anclaje, etc.
La recuperación del patrimonio monumental tiene
connotaciones públicas de expresión, de identidad y de posicionamiento ciudadano.
En este sentido, el proceso histórico de monumentalización del espacio urbano o
territorial, aparece con vocación social, buscando recuperar el carácter
cívico, a través del aprecio de lo público y nuestro rol a través del hecho
artístico. Por ello se ha introducido una relectura de accesos potenciando el
carácter de ¿mirador¿ que tiene hacia la huerta.
La conclusión de este capítulo pone de manifiesto
el interés de su continuidad y una recuperación que deje atrás las parciales
intervenciones anteriores. Se abren las puertas a la toma de contacto con un
patrimonio que refresque la identidad del territorio que vigila, a través de la
historia, la arquitectura y el paisaje.